La pregunta sobre la posibilidad de emplear el pragmatismo y la racionalidad por sobre la ideología en la determinación de la política exterior, lleva a una respuesta que no permanece igual en el tiempo. La teorización al respecto ha acompañado procesos históricos, así como a personajes y regímenes políticos que marcaron el rumbo de Estados y sociedades.
Para aterrizar en la actualidad, la rama de las ciencias políticas, específicamente de las relaciones internacionales, ha desarrollado una disciplina llamada Análisis de Política Exterior, a través de la cual los tomadores de decisiones en la arena internacional son analizados, pero también nutridos de mecanismos coherentes para determinar la política exterior del Estado al que representan.
Para comprender mejor de qué se trata, Valerie M. Hudson describe de la siguiente manera el aporte del Análisis de Política Exterior como disciplina científica:
Examinando la historia, amplitud conceptual y tendencias recientes en el estudio de la política exterior, queda claro que esta sub-rama provee, lo que tal vez sea, la mejor conexión conceptual a la base empírica sobre la cual todas las teorías de Relaciones Internacionales se basan. El Análisis de Política Exterior se caracteriza por el enfoque en un actor en específico, basándose en el argumento de que todo aquello que ocurre entre naciones se basa en tomadores de decisiones humanos actuando individual o grupalmente. El Análisis de Política Exterior ofrece significantes contribuciones a la rama de las relaciones internacionales en su perspectiva teórica, sustancial y metodológica; y está situada en la intersección entre todas las ciencias sociales y campos que abarcan la política pública, mientras tengan vínculo directo con las relaciones internacionales. Un renovado énfasis en teorías específicamente basadas en actores, permitirá a la rama de las relaciones internacionales reclamar contundentemente la habilidad de manifestar la agencia humana, tomando en cuenta su constante cambio, creatividad, dependencia y significado . (Hudson 2005) (Hudson 2005)
Para responder la pregunta sobre la posibilidad de emplear el pragmatismo y la racionalidad por sobre la ideología en la determinación de la política exterior, es necesario definir los conceptos que construyen el pragmatismo, la racionalidad y la ideología. Solo desglosando los tres conceptos se puede determinar si es posible desarrollar una política exterior pragmática y racional y las condiciones que se requieren para lograrlo.
La racionalidad en la generación de política exterior
En el entendido de que los generadores de política exterior son individuos, la cognición juega un rol central para determinar la capacidad de generar política exterior racional. Los llamados atajos cognitivos, pueden ser limitantes al procesar la información, como determinó Alex L. George en su estudio titulado “código operativo” en 1969, que definió los atajos cognitivos como el pilar de las teorías racionalistas y constructivistas que explican el proceso de toma de decisión de política exterior (Levy 2003).
Dentro del debate racionalista – constructivista sobre el concepto de racionalidad, la racionalidad se disputa entre la necesidad de satisfacer o maximizar la utilidad dados los intereses de determinado individuo (Rosati 2000; Carlsnaes 1992). Antes de identificar al individuo como actor central, se entendía al Estado, un ente abstracto, como el tomador de decisiones. Bajo este precepto, maximizar la utilidad implicaba tomar decisiones basadas en la tenencia de un cien por ciento de la información. Después de comprender que las decisiones son tomadas por individuos y no por Estados o instituciones, los académicos se dieron cuenta de la imposibilidad de tomar decisiones con la información perfecta. El concepto de apuntar al resultado más satisfactorio se convirtió en la forma racional de tomar decisiones, y la definición de satisfacción se constituyó en un nuevo dilema en la teorización (Wight 2002).
Además, al comprender al individuo como tomador de decisiones, las emociones juegan un rol importante, por lo que la racionalidad adquiere un nuevo significado. Geroges E. Marcus (2003) retrocede hasta Platón, pasa por Descartes, Kant, Hobbes, Hume, quienes de distintas maneras separan la emoción de la razón como si fuesen procesos antagónicos. Marcus explica cómo inicialmente los intereses y los sentimientos se concebían como categorías distintas. La emoción se asociaba con la pasión, y el interés se asociaba a la racionalidad. La percepción actual del efecto de la emoción sobre la razón es que la emoción distorsionará la racionalidad. Sin embargo, la neurociencia descubrió que a través de la emoción se adquiere la capacidad de exteriorizar el comportamiento. Sin la capacidad de la emoción, los individuos no pueden exteriorizar el comportamiento recomendado por su razonamiento (Marcus 2003). Es imposible eliminar las emociones del comportamiento. Por lo tanto, sin emociones, una acción racional es imposible. De esta forma, la toma de decisiones racional se limita a la capacidad del individuo de canalizar sus emociones, su experiencia y su conocimiento (información).
Ideología e ideologización de la política exterior
En líneas generales, las doctrinas son una selección de creencias que determinan el actuar de los tomadores de decisiones. Las creencias puestas juntas en un marco organizado, se conocen como ideologías (Goldstein & Keohane). Las ideologías son un conjunto de ideas que determinan las metas de los tomadores de decisiones y que justifican las decisiones y la política exterior de los individuos al proveer justificaciones morales y éticas para la acción y toma de decisiones (Ibid).
El primer uso del término ideología se registra en el siglo XVIII. Kellner menciona que la ideología se usaba para describir de manera ontológica la naturaleza y la función social de las ideas en búsqueda de proveer de fundamentos racionales al conocimiento humano. El concepto de ideología se desarrolló a partir del ataque al poder feudal europeo como producto del movimiento revolucionario burgués (Kellner 1978).
Para el siglo XIX, los valores de una ideología predicaban su carácter moral (Scarbrough 1984). En la actualidad se concibe la ideología como el único factor en el desarrollo de la política exterior que contribuye a moldear el criterio de los tomadores de decisiones y su imagen de la vida política. Andrew Heyworth explica que las ideas políticas ayudan a forjar el sistema político en su esencia (Heyworth 1998).
Carlsnaes arguye que la política exterior de un Estado es esencialmente una expresión de su ideología peculiar (Carlsnaes 1986). Este concepto es plausible si se entiende que los tomadores de decisiones y generadores de política exterior interpretan y analizan la información de acuerdo a sus creencias y percepciones. En otras palabras, la ideología se constituye en un filtro a través del cual se procesa información y se la clasifica en relación a la imagen proyectada por la ideología del individuo, que puede traducirse en un lenguaje político masivo y común (Ibid). Al respecto Holsti identifica la ideología como mensajes y pautas del entorno externo a los que se les otorga significados o que son interpretados en el marco de las categorías, predicciones y definiciones provistas por las doctrinas que componen la ideología (Holsti 1995).
Sin embargo, se debe tomar en cuenta que en muchos casos los tomadores de decisiones y generadores de política exterior no se rigen por sus valores o ideologías individuales, sino que se rigen por intereses específicos o prioridades. Jervis arguye que los generadores de política exterior tienden a alterar sus creencias originales y establecen nuevas creencias de manera que acumulan más justificativos para respaldar determinadas decisiones (Jervis 1976).
Yendo aún más allá, hay quien arguye que las ideologías no son más que una herramienta para disfrazar la naturaleza real detrás del accionar político de algunos individuos, que deliberadamente se camuflan detrás del velo de la ideología política para perseguir intereses de distinta índole (Morgenthau 1993). Esto muestra que seguir el hilo de la ideología, sea cual fuere, no lleva a identificar los motivos subyacentes que mueven a los tomadores de decisiones. Descubrir esa motivación solo podría lograrse mediante un análisis profundo y exhaustivo de los objetivos que persigue el individuo en cuestión (Ibid). Como consecuencia, se podría argüir que la persecución del poder es lo que subyace a las ideologías, y que el involucramiento en la carrera por el poder se torna moral y psicológicamente aceptable, tanto para los tomadores de decisiones como para la población, si una ideología respalda este accionar. Heywood (1998) enfatiza que la ideología es una idea socialmente aceptada y usada para legitimar un sistema político o régimen.
La nación que se privase de ideologías y de manera franca manifestasea que desea acumular poder, y a la vez, se opusiesa a aspiración similar de otras naciones, se encontraría en gran desventaja en la carrera por el poder . (Morgenthau 1993) (Morgenthau 1993)
Esta perspectiva muestra que la ideología sirve para la acumulación de poder y para anteponer intereses nacionales y no ideológicos en la mayoría de los casos.
Es por lo que los líderes de Estado, al conducir la política exterior, deberían adoptar una postura orientada a la defensa y priorización de los intereses del Estado a pesar de los principios ideológicos y valores que promueva su Gobierno. Es en este punto donde se logra el pragmatismo. Los ejemplos de discursos ideológicos que no se aplican en la política exterior son numerosos. Irán, con el relacionamiento con Rusia a pesar de no ser un Estado Islámico. Venezuela al venderle petróleo a su enemigo declarado número uno, los Estados Unidos de Norteamérica. La relación de la Unión Europea con Turquía al mantener relaciones comerciales por el suministro de gas y petróleo a pesar de las diferencias ideológicas. Existen muchos ejemplos de líderes políticos que lograron desarrollar una política exterior pragmática a pesar del discurso ideológico.
El Pragmatismo y la Realpolitik
El pragmatismo es definido por Henry Kissinger como un sistema burocrático de toma de decisiones, una respuesta a situaciones sin reaccionar emocionalmente ante ellas. Los problemas, bajo este entendido, se segmentan en elementos que se tratan por expertos y las recomendaciones se hacen de acuerdo a la tradición y a las costumbres del sistema burocrático (Kesseiri 2005).
En política exterior, el pragmatismo permite a los líderes de Estado lograr resultados sensibles y prácticos, evitando así los tropiezos de la tozudez ideológica.
El término “Realpolitik” se aplica como sinónimo de “política del poder” y se entiende como el abordaje realista a la política exterior, que resuena en la ciencia política desde Machiavelo, pasando por Otto von Bismarck hasta diplomáticos y académicos de la post-guerra como George Kennan y Henry Kissinger. El término se registra por primera vez en el siglo XIX por el alemán August Ludwig von Rauch, para quien el término “Realpolitik” hacía referencia no tanto a la filosofía como al mecanismo para superar las complicaciones de una Europa hostil y en constante conflicto gracias a las fuerzas del liberalismo y los nacionalismos que terminaron forjando el Estado Nación moderno.
Conclusiones
La política exterior admite la ideologización de la vida política para justificarse, a la vez que prioriza y antepone los intereses del Estado en su ejecución. Esto significa que el equilibrio entre la ideología y el pragmatismo es real y debe ser asumido como una prioridad de los tomadores de decisiones y líderes de Estado.
La racionalidad al tomar decisiones es relativa debido al involucramiento de factores como las emociones, la calidad de la información y la experiencia de quien toma las decisiones.
Es por lo tanto posible lograr un abordaje coherente y pragmático de la política exterior y las relaciones internacionales, sin embargo, se debe saber equilibrar y conducir.
Actualmente las corrientes teóricas del “fin de la ideología” y de la no aceptación de enmarcar la política exterior en alguna ideología, son las que marcan el debate en torno a la pregunta sobre la posibilidad de emplear el pragmatismo y la racionalidad por sobre la ideología en la determinación de la política exterior.
En el primer caso, el “fin de la ideología” se conceptualiza en torno a los países desarrollados, en los cuales las ideologías pasaron un segundo nivel para priorizar políticas pragmáticas, sin la necesidad de camuflar o justificar las decisiones políticas con ideologías. Es más, partidos de izquierda y derecha coinciden en temas como la necesidad de estrechar la brecha de desigualdad económica y social o la necesidad de proteger el medioambiente.
Los países en vías de desarrollo son los que aún se mantienen ideologizados en su política exterior y también doméstica, porque se arguye que aún no alcanzaron la madurez para poder pragmatizar su política.
Por otro lado, está el argumento de que en ningún estado del mundo es necesario mantener una ideología para justificar las decisiones de política exterior. La modernidad y el avance tecnológico proveen las condiciones para informar a la población, así como a los líderes políticos sobre la necesidad de abordar la política exterior de forma pragmática.
Al generar e implementar política exterior desde un país en vías de desarrollo como Bolivia se destaca la falta de estructuras institucionales adecuadas para la formulación de política exterior, por lo que la ideologización fácilmente opaca el pragmatismo.
References
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